Tóxicas

En una calle del barrio Matta sur se puede ver lo que pareciera ser una boutique. A  través de la vitrina en el centro, se aprecian tres corsés que giran, decorados con luces que exhiben la paleta de colores característica de las micros de Valparaíso.

La intersección del transporte público con la silueta femenina es un motivo recurrente en el imaginario popular latinoamericano. Esta relación se evidencia en la decoración de la mayoría de los autobuses del puerto, cuyos diseños están repletos de siluetas de mujeres curvilíneas. En esta obra, el cuerpo de la mujer, anteriormente cosificado dentro de los límites de la calcomanía, se transforma en una superficie aerodinámica. Se presenta así una carrocería corporal, construida a modo de rompecabezas, evocando la escultura Amor aguerrido Nº 2 de Juan Egenau.

Este espacio de la cultura popular chilena es habitado por imaginarios masculinos y sexistas, que habilitan a los hombres a sobrepasarse desde la dinámica de la picardía. La obra de Alexia toma este terreno para hacer una sátira de una realidad instalada en la sociedad, para así dislocarse y resignificar un fenómeno como la sexualización.

Tóxicas se maneja dentro de los códigos de la cultura urbana e instala la imagen de una nueva identidad de lo popular, el mundo de la producción corporal asociada a la fiesta, al reggaetón. La micro también integra esta cultura, actualizándose por medio del uso de elementos como luces ultravioletas o sistemas de sonido en los que reproducen música. Un ambiente discotequero que recorre la ciudad.

[Tóxicas de Alexia Macarena en Galería Animita]