Afectados núcleos en coro
Jane Bennet me ha abierto los ojos ahora puedo ver los detalles faciales en los pozos de tierra donde se caen los niños distraídos, el goteo bendito de las lágrimas, las fuentes de agua que brotan del submundo, ahora entiendo mi cuerpo es una pintura tanto como una pantalla, las voces de los relatores de la tele cantos melodiosos, ahora cuando salgo del supermercado me gasto todas mis monedas de cien en la garras mecánicas e imito con mi mano su descenso obligado hacia peluches feos, ahora siento el odio que me tienen las rejas de las casas, puedo saborear su óxido y limo mis uñas igual a ellas, ahora puedo ver con mis ojos pornográficos la luz propia de mis archivos personales, los infinitos colores del blanco y negro, el movimiento de los fotogramas estáticos, ahora entiendo mis calzones de shein son igual de hermosos que las ropas de diseñador de las inauguraciones, las escuelas de diseño más importantes son los mall chino y somos todos marcas con patas, ahora me toma las cerámicas que esculpo con mis propias manos son mis propias manos y las marcas de la quema son las marcas de mi quema en hospitales y mi piel solo una manta más con la que me cubro, ahora me cae la teja perseguir un perro por la ciudad es lo mismo que perseguir una micro o perseguir un lanza o no perseguir nada para ese caso porque las ciudades son juegos de niños y mi vocación máxima patear piedras
O como diría Gabriel Alonso somos sistemas conceptuales de relaciones curatoriales interdependendientes somos una afectividad andante dañada esencialmente en el núcleo sudando en el centro santiaguino hablando con vergüenza sobre arte propio levantando las rodillas 24 escalones en torno a nada o como diría Gabriel Alonso con silbidos de madera con la bulla callejera metida en la nuca somos un espacio liminal de interfaz un ecosistema un metabolismo niños corriendo entre cadáveres una tercera cosa ni individual ni colectiva pero no afectos de lo bonito y lo tierno y ay que te quiero amix somos enfermos pacientes terminales de la hipersensibilidad diez afectos cada uno con su obra diez dedos de una mano invisible de cuatro tendones principales de nombre Adolfo César Víctor Fabi llorando muertos de la risa lágrimas muy impulsivas para las mentes sobremarinadas del arte contemporáneo más vulnerables autoconscientes vitalistas que cualquiera de las metafísicas caníbales pensamientos estáticos que se esconden bajo las capas insoportables de la razón
La razón por la que camino todos los martes a Sazié, los silbidos que pego al segundo piso, el eje en torno al que giran las escaleras en espiral, los gemidos de las tablas del suelo, recién ahora me cae la chaucha el ruido de la calle es la voz, los objetos fomes no son fomes porque al igual que yo poseen derecho propio de existencia, intercambian moléculas más allá de las palabras pretenciosas de los curadores, son indiferentes a los monos sin pelo que deciden cuales tienen derecho a ser conservadas en cúpulas ascéticas y cuáles no, su existencia en el mundo ya es una exhibición eterna, siempre han sido tan caros y baratos como podrían llegar a serlo en una subasta, igual de dignos antes de aparecer en las páginas de Artsy, porque su cuerpo también es mi cuerpo y mis ojos sus ojos y mi pecho su pecho y mi vida vale tanto como un plátano pegado a la pared.
[Cosas por nombrar en Sagrada Mercancía, curada por Gabriel Godoi. Artistas: Antonia Moena, Martín Bonnefont, Cinthia Gava, Augusta Lecaros, Francisca Jara, Isidora Díaz, Ignacio Navarrete León y Diego Armando Rivera]











