Crepitar el horizonte
Sólo unas pocas veces –muy pocas, por cierto– el cosquilleo deriva en un derrumbe de proporciones, donde las piedras crepitan y se parten en dos. Andrés Urzúa de la Sotta. Una noche de otoño, en el frío y la oscuridad de lo que alguna vez fue un regimiento de caballería, se distingue
Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal
I. Un torso desnudo se mueve de espaldas y la secuencia se repite varias veces, en afán por volver a sentir el calor de los movimientos. Pronto las huellas dactilares de Francisco Belarmino chocan con la superficie de la pantalla, para acariciar un cuerpo de carne llano, que hoy sólo acontece como

